Por Valmore Muñoz Arteaga (vajomar)
Hace cuatro años Vivian Jiménez publica su primera novela La Columna que Dibujaste dentro de Mi que resultó ganadora en la primera edición del Premio de Novela Erótica Letra Erecta, auspiciada por Alfadil Ediciones. De esa lectura me sorprendieron dos cosas, su particular fuerza narrativa y la forma cómo aborda el tema de lo erótico. En las líneas de esa novela se desnuda soberbiamente la totalidad del gozo. Un gozo que sirve de puente entre la escritora y el lector. Pocas veces me he sentido cómplice durante una lectura. Una complicidad que, más allá del disfrute erótico, se edificaba sobre la base de un deseo de huída, de escape hacia los territorios que se abren desde la literatura. Desde ese momento ansiaba, y no exagero al decir que desmesuradamente, un próximo libro. La espera culminó con la aparición de su segunda novela Las Ciudades de tu Cuerpo, editada por Planeta y que hoy nos reúne.
El nombre de Vivian Jiménez queda con su nueva novela atado a la sospechosamente no muy prolífica tradición erótica de la literatura venezolana. Las Ciudades de tu Cuerpo es una novela erótica escrita desde las necesidades existenciales de la mujer. Una posición que me recuerda a Anaïs Nin, cuya escritura se transformó en un angustioso autoanálisis que buscaba exteriorizar su sexualidad latente; en otras palabras, buscaba contar las relaciones sexuales como las vive una mujer. La nueva novela de Vivian Jiménez queda inexorablemente atada al erotismo, no sólo por lo que cuenta, sino por el camino que tomó para contarlo. El camino transitado no es otro que el de la poesía. La novela es enérgicamente poética, y la poesía, ya lo dijo Octavio Paz, está estrechamente relacionada con lo erótico. Ambos, poesía y erotismo, están constituidos por una oposición complementaria. A través de su palabra somos acariciados y al mismo tiempo acariciamos. El erotismo en Vivian Jiménez, particularmente el expuesto en Las Ciudades de tu Cuerpo va más allá del desborde de alguna caricia sobre el dorso desnudo del amante. El erotismo en Vivian Jiménez es un grito irritado para que la vida dé tiempo a vivirla. Es su salvoconducto. Es su reclamo virulento por cobrarle a la existencia lo que ella misma le ha arrebatado. El erotismo en “Las Ciudades de tu Cuerpo” es una lucha desde la piel contra el olvido porque el sexo tiene buena memoria y él nos ayuda a recordar que somos libres de nuestros recuerdos. La reivindicación del cuerpo. El sexo como agente liberador muy a propósito de Emmanuelle Arsam en cuya novela más importante se plantea al sexo como un culto al placer de los sentidos, libre de toda moral.
El sexo se vuelve camino para la revelación de lo que somos, y eso quedó más que evidenciado en esta novela. Detrás de un velo simbólico se esconde la necesidad del conocimiento del otro, que en este caso es el amante. Y al conocerlo nos conocemos. Escribe Vivian: “Con su lengua y su nariz penetra lugares que yo jamás reconocería como parte de mí. Él me inventa. Hace de mí su nuevo mundo, me reconstruye” Al mismo tiempo que el cunnilingus abre sus alas hacia nuevos mundos desconocidos para ella; ella entiende que recuerda que es principio y final, alfa y omega, la tierra prometida donde volveremos. De la mujer venimos y hacia la mujer vamos. “Verlo terminar en el punto donde todo comienza, donde la vida le dijo bienvenido, corre, y el sexo resentido se quedó insistiendo: volverás”. Más adelante insiste en la idea: “Enrique seguía disfrutando de mi cuerpo. Me bebía como si fuera a reencontrarse con su vida”. Vivian Jiménez apuesta con la novela a una sexualidad más allá de lo físico. Una sexualidad a través de la cual se abrían las puertas de la liberación como lo apuntaron D. H. Lawrence, Henry Miller, y más recientemente Valerie Tasso. El orgasmo se vuelve el puente hacia una nueva dimensión, ya que Luisa, personaje principal de la novela, “asociaba el sexo con la liberación. ¿Acaso había algo más liberador que un orgasmo?” Y si el orgasmo era una experiencia liberadora para ella, pues emprendió a tratar de obtenerlo en todo momento, en todas las cosas.
“Las Ciudades de tu Cuerpo” devela el alma de una mujer. Y a pesar de que en sus páginas todo queda al descubierto, inmediatamente después, este descubrimiento se disipa, o más bien, se hace camino hacia nuevos y más profundos misterios. ¿Qué piensa una mujer cuando el amante parte? ¿Qué siente una mujer cuando las caricias que un día fueron suyas corren arrebatadas hacia otro cuerpo? Escribe Vivian: “Enrique se había enamorado de otra mujer. Lo primero que vino a mi mente oportunista fueron los recuerdos de todas las veces que nos amábamos, la cantidad de orgasmos descargados sobre su cuerpo, el dolor por tanta distancia, los proyectos que cubrían el resto de nuestras vidas juntos, el sacrificio, el gasto, el tiempo. Era como sentirse en el aire, con la amenaza inevitable de la caída”.
A través de esta novela, que apunta a Vivian Jiménez hacia un sitial de relevancia en el ámbito de la nueva narrativa hispanoamericana, podemos explorar el infranqueable mundo interior de la mujer. Sus sueños y esperanzas; sus anhelos e ilusiones; el ardor por vivir desde una intensidad orgásmica. Una historia construida con el cuerpo que se deja rastrear en cada línea: “Desnudarme es dejar que lean mi historia en letras mayúsculas […] Desde mi cuerpo abierto, con sus diversos tonos, emerge un sonido que me dispone entera a recibir el ajeno y llenarlo de gracia. Desnudarme es exponerme, entonces converso con las mariposas”.
La Ciudades de tu Cuerpo de Vivian Jiménez es una radiografía de la nostalgia desplegada desde los laberintos del amor y el sexo. Muestra descarnadamente los enigmas de la condición humana a través de un bosque espeso en donde se logran confundir las emociones de la autora con las del lector. Es un retrato diferente de la sexualidad, en especial de la femenina. Es un retablo de testimonios, lugares y territorios solitarios en el cual logramos confrontarnos nosotros mismos de una manera densa e inquietante. Un abismo de intimidades que, junto a ella, dejamos como secreto que quema en el hoyo que pacientemente hicimos en un árbol erguido en la soledad de una colina. Esta novela de Vivian Jiménez representa, no sólo una lectura angustiosa y excitante, sino que además, refleja la madurez que ha alcanzado la literatura erótica en Venezuela.